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martes, 5 de enero de 2010

El día que murió Sandro



Al fondo todos sabemos que el año inicia con algo de temor, los minutos antes de dormir antes del primer día laboral suelen ser una microtortura, claro, está la emoción y la curiosidad por ver qué viene, pero de que temblamos, temblamos.
Normalmente sucede que los proyectos que esperaríamos terminaran con el año, no terminan. Y que en los primeros días te das cuenta que otros, que quizá no recordabas o no esperabas que terminaran, chupluc! se fueron.
Es un buen momento para tomar decisiones, al fin que estoy totalmente de acuerdo con lo que comenta Alan Mills "el tiempo se mide en ciclos cósmicos". Me parece fin de una década, fin de año, y qué sé yo.
Ayer murió Sandro, me entristecí, pensé en mi mamá que también se puso triste "tenía mi edad", me dijo. ¿Qué es lo que muere cuando muere alguien?  ¿Y cuando muere un año?

De cualquier manera el río de heráclito sigue su recorrido

a lo Szymborska 

In Heraclitus´s river
a fish loves a fish,
your eyes, it says, glow like the fishes in the sky,
I would swim at your side to the sea we will share,
o fairest of the shoal. (A)


o a lo Borges

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.



También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.



Y ahí vamos, en una especie de buscando a Nemo, pero en el río.



imagen de el amaule
 

martes, 15 de diciembre de 2009

Infancia en el corazón II

Ella se llamaba Isabel, pero le decían Chave. Cantaba sentada en su máquina de coser, o mientras cocinaba un pastel quizás. Cantaba a veces en la radio donde trabajó como secretaria y a veces también en algunos escenarios, por aquí o por allá, da igual.

(A <3)

Tenía varios cuadernos llenos de poemas que escribía o que transcribìa, poemas y canciones, y siempre las recetas, le gustaba mucho cocinar. Y siempre cantaba. Un día conoció a alguien que también cantaba y tocaba la guitarra, se enamoraron perdidamente, joven pareja de músicos, de esos amores de los 40s. Él se llamaba Julio César, y murió a los 26 años de un infarto en una sala de cine. Era la justa mitad del siglo, quizás.





Isabel y Julio fueron padres de Lucía y de Gustavo. La vida siguió por aquí y por allá, da igual. Siguió. Isabel siguió viuda y siguió cantando. Murió a finales del siglo, y entre sus cosas había un diploma por haber ganado un concurso con una canción que se llamaba como su hija Leonor Lucía



Ni Lucía ni Gustavo heredaron la voz. Ni ninguno de los tres hijos de Lucía. Mis hermanos y yo lo lamentamos con frecuencia. No se imaginó Chave Morales que tantos años después sonaría su voz en algunas computadoras, la mayoría de ellas en Guatemala, donde nació y murió.